• Cuando Argentina canta Flamenco español

    Argentina canta Flamenco
    Argentina es de Huelva
     
    Por Eduardo Aldiser
     
    Estos días en España se habla mucho de Argentina. Al hacerlo, no aparece para nada las controversias políticas, el trigo, la soja, carne o el turismo.
     
    Sí en cambio, el rostro amable y jovial de una onubense que canta flamenco y propone aires nuevos. Su nombre completo es Argentina María López y lleva su primer nombre en homenaje a una de sus abuelas. Vamos a dejar que Estela Zatania del portal “De Flamenco” nos introduzca en el arte de esta cantaora andaluza (la nota completa la pueden leer en www.deflamenco.com ).
     
    Sí comentar que me consta por ocurrir en mi familia, que poner el nombre de Argentina a una niña (en este caso la abuela de la cantante) bien puede haber sido un homenaje o recuerdo por familiares que fueron a vivir a nuestro país.
     
    En mi familia italiana y en un pueblecito de Ancona, he conocido a una tía abuela con ese nombre. Y eso fue lo que me explicaron. Muchos de la familia se habían ido a nuestra tierra, entre ellos mi abuelo materno, y aquel país lejano tenía un cierto magnetismo entre los italianos. Así fue como muchas niñas recibieron el nombre de Argentina al nacer en esa época. Ellas eran “aryentina” en la pronunciación local. La abuela y la cantante onubense suenan como nuestro país, Argentina. Su voz, la de la cantaora, bien puede tener sonidos color plata. Entonces el nombre le viene más que adecuado.
     
    Esto nos comenta Estela Zatania:

    Su rostro en la portada del disco recuerda curiosamente a Isabelita de Jerez, cantaora jerezana nacida en 1895, a la vez que proyecta una imagen absolutamente contemporánea. Es un fiel reflejo visual del cante de Argentina María López (Huelva, 1984) que incorpora la más rigurosa actualidad con el cante clásico.
    Debemos asumir que vivimos en una época en la que el “cante cante” ha cambiado de manera radical, al menos tal y como se suele representar a través de las nuevas grabaciones. En primer lugar, la canción asume máximo protagonismo. En lugar de leer por ejemplo “bulerías (Se rompió el amor)”, que hubiera sido algunas bulerías cortas, seguidas de extractos de la famosa canción, ahora vemos “El Árbol (bulerías)”. En la hermosa canción así llamada que abre el trabajo primogénito de la joven onubense, la contemporaneidad del acompañamiento oculta el compás, y el oyente casual puede pensar que está escuchando un relajado tango-rumba. De hecho, el concepto de la “relajación” sintetiza la personalidad del flamenco más actual que caracteriza esta grabación. La urgencia del flamenco tradicional no está presente y el paisaje mental es un atardecer disfrutado desde un jacuzzi. Nos guste o no, la globalización del flamenco exige que cualquier producto acomode la sensibilidad de un público mucho más amplio que el de la cocina de la abuela. Los suaves coros de voces armonizadas, un sonido caduco que no acaba de caducar, terminan de neutralizar cualquier posible resto de ansias, y apetece un martini agitado, no removido.

    Con “Las palabras”, una canción tango-rumba la cantaora empieza a vencer a la cantante, aunque el coro sigue restando flamencura. La voz de Argentina es limpia, dulce, flexible y veloz con fuertes reminiscencias de Mayte Martín y el marchamo inconfundible de la academia Cristina Heeren en Sevilla donde la joven ha estudiado cante con el venerable José de la Tomasa.
     
     

    Las voces gruesas ya no se llevan, estamos en la época, no del “nuevo flamenco” (camelo donde los haya), sino de la “nueva ópera flamenca” cuando lo dulce y bonito tiene más caché que lo duro y rancio. Son gustos diferentes, pero no necesariamente encontrados, hay momentos para el uno y el otro, lo mismo que hace treinta años cuando los aficionados alternamos los vinilos de Las Grecas con los de Talega o Mairena.

     
     

    La nota completa en: www.deflamenco.com

     
     
     
     
     
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