• El adiós a Sandro

    SE FUE UN PEDAZO DE NUESTRA ADOLESCENCIA

     

    Por Luis Beresovsky, Córdoba, Argentina
     
    Los sábados a la tarde del 64, nos encontraban sentados como zombis frente al televisor. Un diminuto periodista y animador nos hipnotizaba con sus malabares. Cámaras ocultas, viajes por el mundo, artistas internacionales, autos que entraban a un estudio de televisión colmado de público, jóvenes figuras que se iban consolidando y destrezas de todo tipo.

    Solo nos levantábamos, cuando llegaba la hora de “producirnos”, como se dice hoy u “emperifollarnos”, como se decía antes, para ir a bailar.

    Eran nuestras primeras incursiones en el mundo de “Resonancias Musicales” con Enrique del Campo y Bety Román o “Ronda Juvenil” con José González.

    Y justamente fue este último el que lo trajo. Era un muchachito de 19 años, flaco, menudo y con un jopo igualito a Elvis Presley que mirábamos absortos todos los sábados en el programa de Pipo Mancera. A mí me deslumbraba, porque tenía toda la desfachatez y el atrevimiento que mi edad reivindicaba. Pero era más que eso. Era una versión nacional de Elvis. El mismo que yo había visto de chico en alguna película porque me llevaron mis padres. Pero yo lo entendía porque cantaba en castellano.

    Cantaba rock and roll, se contoneaba, se echaba hacia atrás flexionando las rodillas de tal manera, que tocaba el suelo con la espalda y la refregaba contra el suelo. Bailaba desaforadamente sin dejar de cantar, se vestía con ropa de cuero y culminaba la actuación arrojando la campera al público que enloquecía en cada presentación suya.

    Yo iba todas las tardes a la confitería El Molino, en la Avenida General Paz, como todos los jóvenes de la época. Y en una de esas tardes mientras subía al ascensor de la confitería me encuentro frente a frente con ese morochito desgarbado que me deslumbraba sábado a sábado. No podía creerlo. Y esta no era una canción de Jairo y Salzano. Estaba solo en un ascensor con el mismísimo Sandro. Claro que el de aquella época no era el mismo. Era un chico que recién empezaba, que tenía pocos años más que yo y que solo les gustaba a unos cuantos rebeldes como yo.

    Ni nenas, ni fanáticos había a su alrededor. Solo él y yo en un ascensor, en un largo viaje de dos pisos. Pero ni lo miré de frente, ni lo saludé, ni mucho menos le dije: ¿Vos sabés, yo te veo todos los sábados por televisión? No vaya a ser cosa que se “piye” (agrande).

    Pero compraba sus discos, lo fui a ver a un festival en La Falda que animaba un gordo de más de cien kilos, que con los años me enteré que se llamaba Héctor Larrea, que recién empezaba y que a partir de allí fue su presentador personal en todas las giras.

    Y bailaba sus temas en los asaltos y coleccionaba sus discos y lo miraba absorto por televisión todos los sábados. Es decir fue parte de mi adolescencia, de mi debut en los bailes, de mi noviazgo y de los primeros discos que puse en mi flamante Winco. Su resistencia a morir, en realidad era nuestra resistencia a que muera nuestra adolescencia.
    Gracias Sandro.
    Luis Beresovsky,
    realizador en Córdoba del programa nocturno de Cadena 3 Radio de Argentina 

    http://beresovsky.blogspot.com/

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    Lista de comentarios

    rbertier@hotmail.com05/03/2011 23:06:07

    Soy de Paysandu.(Uruguay)Todas las noches infaliblemente escucho Noche y Dia desde sus comienzos y muchas noches hasta que termina. Soy una persona mayor que desde hace años trabaja en radio.He estado y estoy en el rubro Radioteatro y un programa
    periodisco musical donde llevo 30 años de continuo. Realmente escu-
    chándolo me sirve como experiencia porque en este oficio, uno nunca deja aprender, aunque sea ya veterana en esta profesion.
    Muchas gracias por su compañia y la de sus compañeros. Es un
    placer estar junto a ustedes, aunque sea asi, a la distancia.

    Renee Bertier. (Nombre verdadero...Martha Bercianos.

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