• El argentino Rodolfo Ghezzi nos habla del uruguayo Horacio Ferrer y Megamor

    En mi reciente viaje a Buenos Aires para asistir al Plenario de la Academia Nacional del Tango que tuvo lugar el  lunes 16 de agosto del corriente año y que debidamente “Raíz Argentina” informara en su momento, viví una experiencia que quiero transmitir y que tuvo lugar minutos antes del comienzo del evento en el despacho de Horacio Ferrer, Académico Titular y Presidente de la Institución.

    Y nos sigue contando Rodolfo Ghezzi:

    Megamor, Solo de Poesía de Horacio Ferrer, editado en Argentina por Marcelo H. Oliveri Editor

    Compartí el privilegio de la entrega de uno de sus nuevos libros de manos del Editor Marcelo H. Oliveri y que el autor nos leyera uno de los poemas, concretamente  “El profesor Ferrer”, en recuerdo de su padre.

    “MEGAMOR, solo de poesía” es el título del libro mencionado con imagen de portada perteneciente a Lulú Michelli y diseño de tapa e interior de Carlos Mazzarella.

    Encontramos distintos apartados entre los que figuran “Videncias”, “Versos de Alicia y Horacio padre”, “Más retratos” y “Lulú y Horacio”.

    No hace mucho tuve la oportunidad de asistir a la exposición itinerante que tuvo lugar en Madrid dedicada al cantante malagueño Miguel de Molina y organizada por la Fundación que lleva su nombre y la Consejería de Cultura, Deporte y Turismo de la CAM.  Uno de los poemas del libro de Ferrer está dedicado al cantaor exiliado en Argentina en el año 1942 . Su primer verso:

    “Miguel, Miguel de Molina
    la guitarra es una espina;
    tu blusa, espuma de piel,
    tu canto, cresta de luna,
    tu cuerpo de tinta china,
    tus ojos de estrella fina
    abolengo de aceituna
    y espiga de oscura miel...”

    Recuerda en “El Ilusionista” el título de un óleo de su compañera Lulú en el que, aclara, “me retrató antes de conocerme”. Extraemos este bellísimo párrafo:

    “...Lo has pintado en un solsticio y lo has pintado
    con los pétalos parados;
    con un filo de arco iris lo has herido
    para darle un gran amor resplandeciente;
    lo has pintado, lo has besado
    y bendecido, y, fatalmente,
    con modestia de demonio enamorado
    Porque sí, bíblicamente
    ¡de tu cuadro se plantó el séptimo día!...”

    Se enlaza perfectamente con “Megamor”, el poema que da título al libro y que comienza así:

    “...Vengo a mimarte, mía yo, surtidor de labios,
    redondeador de lunas, alto de flor y lengua
    llego en virtud de vino hasta tus criollos pétalos
    Andante bardo surjo con mi bandera poeta
    y al cabo bajo al río que te atraviesa fiel...”

    No faltan en el libro las referencias a la ciudad y al tango , a través de las figuras de grandes artistas, no solo en la música y el canto, sino en las expresiones de otras artes. Y el recuerdo a Balzac inspirado en París en 1971, en su primer viaje con Piazzolla. O a la querida Imperio Argentina:

    “Goza un mundo este vuelo que emplumó Buenos Aires
    doble tango de espejos en un fueye gitano
    ah mujer de ida y vuelta que alborota a los mares,
    ah pebeta porteña, plenitud, oh querida,
     dulce Imperio de España
    Canta Imperio Argentina...”

     No quiero terminar la referencia a este nuevo trabajo de Horacio Ferrer, sin citar textualmente el poema que nos leyera a Marcelo Oliveri y al que suscribe, aquélla tarde noche porteña, en la Academia Nacional del Tango, en la avenida mas española de las avenidas de Buenos Aires, la de Mayo, la que está encima del Café Tortoni, por el que pasaron tantos  intelectuales y artistas españoles y del mundo.

    El Profesor Ferrer


    Habitante del sobretodo socialista y emérito
    que Alicia, mamá, le zurce durante veinte años
    el profesor Ferrer atraviesa los inviernos
    pitando un La Paz suave de tabaco laico.

    Con unamunesca estampa y parsimonia ejemplar.
    lleva con él, temprano y a bordo del tranvía,
    su vocación, su pinta y su innato buen modo
    para pedir, soñar, para saludar y para dar

    su alma en clases de historia y geografía
    y otras de vida que ofrece involuntariamente
    cuando sus discípulos, sin excepción, todos,

    lo siguen unánimes al café de enfrente
    porque Don Horacio, prematuramente canoso,
    es el joven mi padre, corazón mayor que había.

    Rodolfo Ghezzi
    Académico correspondiente a Madrid
    de la Academia Nacional del Tango de Argentina


    Información sobre este libro: 
    MEGAMOR

    RAÍZ ARGENTINA, el sentimiento argentino en España y Europa


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