
Nos habían hecho soñar, sin deternenos a pensar que en nuestro grupo y en octavos, les habíamos ganado a dos equipos de la CONCACAF, uno de África y otro de Europa, pero muy poco europeo en su juego. En cuartos confrontábamos con una selección de este continente fuerte y luchadora. En la cancha quedó claro que llegar hasta aquí era nuestro nivel, más allá de los sueños con una Argentina campeona.

El agradecimiento a los jugadores argentinos (uno de los mejores elencos de grandes futbolístas del mundo) por los buenos momentos que nos hicieron pasar en estas semanas, especialmente emotivos para los que estamos lejos de Argentina.
Ahora no corresponde decir nada del entrenador, del que se sabía que tenia experiencia cero. Lo peor suyo es siempre su incontenencia verbal y su mala educación.
Si es posible que la política se quede fuera de las decisiciones en el fútbol argentino ¿hay dirigentes capaces para formar un buen cuadro técnico y trabajar con seriedad para la Copa de América y el próximo Mundial?. Esperemos que así sea. Jugadores nos sobran para salir campeones o, por lo menos, llegar a los últimos tramos de estas citas cuatrianuales.
Y por favor, ni una palabra en Argentina sobre Messi. Ni a él ni a los otros grandes delanteros nuestros los vimos jugar jamás en la defensa en sus clubes europeos, como tuvieron que hacer contra Alemania, para evitar que la goleada se consumara en los primeros quince minutos de partido.
Se puede perder con la dignidad que lo hizo Paraguay, que incluso pudo superar la clasificación ante un equipo muy fuerte como el español, y no cabe más que felicitar al rival e irse satisfecho por haberlo dado todo. Lo nuestro es otra cosa, es una catástrofe anunciada que hasta nos puede venir bien.
Pero, bueno... hemos competido y eso es bastante.