Juan Manuel Vargas, ese comunicador argentino que sienta cátedra en Barcelona

REVISTA RAÍZ ARGENTINA - MAYO 09
Al frente de la oficina Barcelona de Creativos Unidos de Córdoba (Argentina), advertimos su formación y profesión al hablarnos de los códigos de la comunicación orientada hacia los colectivos inmigrantes. ha sido nuestro invitado de mayo 2009 en la sección Comunicadores de la Revista Raíz Argentina
”España es un país que se abre a nuestras afines culturas. Los latinoamericanos tenemos un código común con la idiosincracia local que nos permite adaptarnos y decodificar mensajes instantáneamente. Los argentinos, particularmente, y me refiero a este colectivo dada mi pertenencia, aprehendemos discursos por variados que sean en este país de lenguas, gente y costumbres diferenciadas según su D.O. (Denominación de Origen).
El problema viene cuando, en gabinetes de prensa, agencias de comunicación o redacciones, se toman el trabajo de "escribir para extranjeros". Es precisamente en ese instante cuando se echa por la borda cualquier signo común, ahí mismo se produce el ruido. Es cuando surgen los mensajes, ansiosos de abordar a estos colectivos tan rentables, diciéndonos frases como: Envía dinero a tu país y siéntete un campeón. Estar en contacto con tu gente es chévere!
Evidentemente esta comunicación surge de la carencia más grande y generalizada que se vislumbra en España, el desconocimiento e ignorancia de otras culturas. Estas frases son solo la punta de un iceberg que no logra interactuar con el receptor.
Es que precisamente está escrito para todos y para nadie, va dirigido a los muchachos que juegan al voley en la plaza que el redactor vio desde su coche o al guía que tuvo en su viaje a Cuba. Cuando se trabaja para un estereotipo se corre el riesgo de no comunicar. Esta es una oportunidad de incorporar gente de otros países a las redacciones. No sería más que un reflejo de la sociedad.
Un párrafo aparte merece la desinformación, ésta se pone de manifiesto a la hora de hacer trámites de documentación, transacciones y demás. El inmigrante está sometido a un peregrinaje por dependencias estatales hasta encontrar, por su cuenta, una solución, siempre con el lógico temor de que aún quede un resquicio que permita que las cosas no sean así.
Personalmente pediría a quienes nos deben informar, comunicar o vender, que no se esfuercen, déjenlo así, ya nos ocupamos nosotros.”