• País generoso, nos dice Omar Maneh desde Argentina

    Nuestro colega y amigo de Raíz Argentina, cordobés de origen, reside en Rosario. Allí publica notas de opinión en el Diario La capital, decano de la prensa argentina fundado por Ovidio Lagos. He aquí su última toma de pulso a la sociedad argentina...

     
    PAÍS GENEROSO

    Por Omar Maneh

      
    La autoría de “país generoso” -frase irónica, si las hay- se atribuye al periodista Jorge Rial. El famoso intruso, ahora devenido en actor, controla diariamente las subas y bajas en este cuasi mercado de los autollamados mediáticos, estrellas fugaces que aparecen y desaparecen como los primeros conejos de un mago principiante, en apenas “quince minutos de fama”, aserto que hizo popular el polémico y creativo “padre del pop art” Andy Warhol cuando vaticinó: “En el futuro, todos tendremos quince minutos de fama”, anticipando el poder de los medios de comunicación, la vigencia de la prensa amarilla y ese poderoso despertador del morbo que es el reality show.

    La apetencia sin límites por la fama, el hambre de notoriedad, fractura los límites del sentido común y hasta del buen gusto. No importa caer en el ridículo y atestar las pantallas con vulgaridades y groserías. Algunos, cuando apenas asoman, resultan simpáticos, pero a medida que siguen apareciendo y sus ocurrencias son repetidas en todos los programas que pululan durante el día, causan el "efecto vuvuzela", esa corneta que nos parecía exótica y divertida en el primer partido del último Mundial, pero que luego no sabíamos cómo borrarla del televisor.

    Los productores y conductores estrella de la pantalla chica, hábiles titiriteros, sabedores del creciente gusto de su teleaudiencia por el morbo y por esta especie de nuevo circo romano, le dan, complacientes, lo que ésta pide: peleas, banalidades, injuria, lágrimas, a través de un guiñol cuyo argumento carece de final.

    Esa necesidad de protagonismo, la vanidad exacerbada, fuego fatuo al fin y al cabo ejercen inusitada atracción en los televidentes que quizás en su inconciente esperan vivir las mismas historias aunque no sean propias. El país, empero, ha sido generoso con muchos de ellos.

    Un ejemplo es el caso de Ricardo Fort, el personaje más controvertido que nos dio la fauna artística vernácula últimamente. Su fortuna y su desparpajo -esa osadía que sienten como natural muchos poderosos- le abrió las puertas de programas, teatros y revistas. ¿Es él acaso culpable -si es que hay alguna culpa- de tener tanta presencia en los medios? Tal vez su impúdico muestrario de vanidades, ese despliegue obsceno de pertenencias materiales subyugue a un público que, aún sabiendo que nunca entrará en la opulencia, se conforma con mirarla. Pero no siempre el país tuvo la misma generosidad con todos.

    Como un padre que da mucho más a un hijo que a otro, la historia argentina está colmada de injustos olvidos y de inmerecidos aplausos. Tantos desencuentros y divisiones confundieron la tabla de valores de quienes tenían la obligación de valorar. ¿Cuánto tiempo transcurrió para que San Martín y Belgrano tuvieran sus estatuas y las calles sus nombres? No fue nada generoso el país sumiendo en el destierro al Padre de la Patria; tampoco con el Creador de la Bandera que murió, enfermo, en la indigencia.
     
    Pero fue generoso con otros militares, con los Videla, los Massera y otros sátrapas mientras saborearon las mieles del poder y el favor de los civiles y políticos amigos y no lo fue con el general Arturo Corbetta, un militar legalista que quería actuar con "la ley en la mano" en plena dictadura y no con la tortura y el crimen, lo que le valió el ostracismo. Sobre él declaró el actor Luis Brandoni: "Me dijeron que se murió de tristeza, y yo me quedé con un sabor amargo, con una lágrima en el corazón, porque nunca le pude agradecer que me salvó la vida".

    El país fue generoso con el Che Guevara al que brindó toda clase de honores y homenajes aunque jamás militara en política, ni haya ocupado cargos, ni contribuido en nada en su patria. Pero no lo fue con un doctor Favaloro, un ejemplo de honestidad intelectual y de austeridad, quien careció del apoyo económico para continuar con su obra. Ni con Arturo Frondizi, el estadista por excelencia del siglo pasado, cuyo pensamiento político se valora mucho después de su destitución cívico-militar.

    Fue generoso con los sindicalistas que amasaron sus fortunas en nombre de la "dignidad de los trabajadores", pero no lo fue con los jubilados que padecieron una ignominiosa discriminación a lo largo de toda su historia. Sí lo es para el matrimonio gobernante que, a pesar de su descrédito, día por día sube en las encuestas de popularidad y también lo es para los llamados "políticos opositores", quienes teniendo la gran posibilidad de insertar al país en una verdadera república se siguen abrasando en su propia hoguera de vanidades en un juego de todos contra todos.

    Este país generoso lo fue con Julio Cobos al obsequiarle la bolilla del desempate que, por ese solo mérito y ninguno anterior ni posterior, lo catapultó a los primeros puestos de las encuestas de presidenciables. Pero no lo fue con Arturo Illia ni con el rosarino Elpidio González, entre otros cargos ministro de Guerra y vicepresidente de Hipólito Irigoyen, quien luego de estar preso se rehusó a percibir la pensión que le correspondía por la vicepresidencia y tuvo que ganarse la vida vendiendo anilinas, muriendo en la absoluta pobreza, después de quedar seis meses internado por no tener adonde ir.

    Es probable que el lector apele a sus recuerdos, a sus vivencias y haga interminable esta lista que comenzó a forjarse en los albores mismos del país. En la memoria colectiva anidan hechos y protagonistas, muchos de los cuales quisiéramos cambiar, pero la historia se escribe con lo que pasó, no con lo que hubiera podido pasar.


    Recogido en España por RAÍZ ARGENTINA, el sentimiento argentino en Europa
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