En las cercanías de la mítica Ruta 40, que cruza Argentina de norte a sur, paralela a la Cordillera de los Andes, en la provincia de Santa Cruz, se encuentra esta joya arqueológica, en el Cañadon del Río Pinturas.
Como ocurre con todo desplazamiento en la Patagonia, las distancias son importantes. Hemos salido desde Buenos Aires, y tras recorrer unos 1900 km por la Nacional 3, hacemos noche en Caleta Olivia. Continuamos al día siguiente iniciando el cruce hacia la ciudad de Perito Moreno, primero por la Ruta Provincial Nº 12 y desde Pico Truncado, por la Ruta Provincial Nº 43 hacia la ciudad de Perito Moreno. Nos instalamos allí, para realizar la excursión principal: la visita a la cueva.
El espectáculo con el que nos encontramos ya en la entrada de esta cueva, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999 es asombroso. En uno de los laterales ya aparecen las primeras manos silueteadas, cada una de ellas con un color determinado: blanco, carmines, ocres, negro.
Las pinturas rupestres que vemos estarían fechadas en 10.000 a. C. en aquellas de sus inscripciones más antiguas. Los clanes que aquí han vivido reproducían en sus pinturas elementos relacionados con la vida cotidiana correspondientes a sus características como pueblos cazadores recolectores.
El tema que le da nombre, “las manos”, las más célebres y antiguas siluetas en negativo, está repetido en 829 figuras, en ciertos casos superpuestas. Para conseguirlas se utilizaron métodos de aerografía utilizando los huesos de los animales horadados.
También hay siluetas de animales (guanacos y choiques) principales componentes de la dieta de los antiguos pueblos y también aparecen escenas de la caza colectiva de estos animales. La representación de la figura humana se encuentra con menor frecuencia y sus formas son lineales, apenas esbozadas.
De una tercer etapa y más reciente en el tiempo (7000 años a. C.?) aparecen los motivos geométricos (principalmente espirales) que estarían representando simbólicamente a ignotas deidades. La gama de colores dominante es de rojo, ocre, amarillo, verde, blanco y negro. Se los confeccionaba con frutos, plantas y rocas molidas.
Como ocurre con gran parte de los lugares importantes de la Patagonia andina, el descubridor de esta cueva fue el Perito Francisco Moreno, cuando corría el año 1876.
Para más detalles e imágenes de este enclave y la Patagonia:
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