• Sargento Cabral, personaje central de la Marcha de San Lorenzo

    17 DE AGOSTO - DIA DE HOMENAJE AL GENERAL JOSÉ DE SAN MARTÍN

     
     

    Vamos a analizar al personaje clave, en torno al cual Carlos Javier Benielli, de la ciudad de Venado Tuerto y vecino de Cayetano Silva, el músico y compositor uruguayo que había compuesto la “Marcha de San Lorenzo”, hace girar el momento culminante del canto, incorporado a esa marcha militar de fama mundial. Encontrémonos con el Sargento Juan Bautista Cabral, correntino para más señas.

     

    Para situarlo históricamente nos valemos del artículo de Jorge Mumbach publicado en www.fmmeducacion.com.ar de Argentina. Recompone y arma con datos documentales la vida, ciertamente anónima, de este muchacho de La Salada (hoy Sargento Cabral) de Corrientes.

    Nos comenta que sus padres eran doña Carmen Robledo y Francisco Cabral, ambos al servicio de Luis Cabral y Tomasa Casajus, en esa población, como él mismo antes de incorporarse a los Granaderos.

    Cuando las invasiones inglesas de 1807 batalló y salvó por poco su vida. No se habituaba a Buenos Aires y consigue regresar a sus pagos en 1812. Sin embargo a finales de ese año va con otros 72 correntinos para presentarse el 19 de noviembre en el Cuartel del Retiro del Regimiento de Granaderos.

    Nos comenta textualmente el St. Mumbach que “A la fecha su incorporación en 1812 al segundo escuadrón de los recién creados Granaderos contaba con unos 23 años, de acuerdo a la biografía que transmite Pastor Obligado (1849-1914). Su diligencia y capacidad de mando le granjearon galones de cabo para diciembre de ese año, y de sargento al siguiente; la que recoge Bartolomé Mitre en su monumental Historia de San Martín y de la Emancipación Americana, por el contrario, lo hace soldado raso a la fecha del combate”.

    Lo cierto es que estaba allí, en la explanada del Convento San Carlos de San Lorenzo, localidad santafesina situada al norte de Rosario. Allí un designio le deparaba vivir un fugaz pero gran momento de gloria, que lo haría, como dice Benielli, inmortal.

    Así lo relata Mumbach al momento culminante: “a poco de comenzada la batalla, cuando el fuego enemigo derribó a la montura de San Martín y aprisionó a éste debajo del animal. Cabral desmontó y ayudó al coronel a incorporarse. Los detalles exactos de la acción no se conocen, es imposible determinar con exactitud cuan arriesgada resultó; en algunas interpretaciones, Cabral interpone su cuerpo como escudo entre las bayonetas realistas y San Martín, lo que parece poco probable. (…) con todo, Cabral resultó gravemente herido en la acción, si bien no murió en el campo de batalla sino en el refectorio del vecino convento de San Lorenzo, utilizado como hospital de campaña tras el enfrentamiento. La leyenda fue iniciada por el propio San Martín a raíz de una carta dirigida a la Asamblea del Año XIII; le adjudica en su lecho de muerte la máxima "Muero contento, hemos batido al enemigo".

    Situados en la vida de este joven de unos 23 ó 24 años aquel 3 de febrero de 1813, convengamos que el venadense Benielli encontró en su gesto épico y aún homérico de entrega de la vida por la Patria naciente, el leit motiv para crear una historia más expresiva y recordada, que todas las páginas que se puedan escribir sobre Juan Bautista Cabral, correntino.

    Le otorga a su acción decidida al ayudar al General San Martín, nada menos que el valor de nudo gordiano de la libertad de los países australes de Sudamérica. Sus pinceladas son tan precisas y retratan a Cabral con una fuerza expresiva tan firme, que a cualquiera que se le pregunte por la Marcha de San Lorenzo, serán estos versos, juntos con el inicial “Febo asoma”, los que más recordarán, unidos al ritmo bien marcado por Silva.

    Cabral, soldado heroico,
    cubriéndose de gloria,

    cual precio a la victoria,
    su vida rinde, haciéndose inmortal.

    Y allí, salvo su arrojo,
    la libertad naciente

    de medio continente.
    ¡Honor, honor al gran Cabral!

    Habría sido un peón de campo o tal vez el capanga o capataz de aquella estancia correntina, continuando la ocupación de su padre. Sin embargo, esa moneda mágica que es el destino, ha dado vueltas y caído de manera tal un 3 de febrero de 1813 y otro día sin precisar de Venado Tuerto, como para que su joven vida tronchada en el campo de batalla, se convirtiera en todo un símbolo que está vivo y seguramente se perpetuará y aún agigantará.

    Es el destino de los héroes. Ellos no lo buscaron pero estaban marcados para ser distintos.

    Sargento Juan Baustista Cabral… honor al mérito!
    Compartir en

    Lista de comentarios

    Escribe un comentario

    Nombre (requerido)
    Email (requerido, no será publicado)
    Recordar los datos en este equipo
    Protección de datos