Truco, quiero retruco, vale cuatro!... Esto es bien argentino

Cuando quiera aprender a jugar al “truco” búsquese unos buenos maestros en argentinos o uruguayos. Le van a enseñar a mentir como por un tubo y hacer más señas que el Penado 14, pero eso se lo cuento otro día
Eduardo Aldiser
Si uno busca sus orígenes por allí, en Wikipedia le dirán que viene de Baleares y Valencia; que, por supuesto, se juega con la baraja española o del estado, según donde viva uno; que el nombre viene del árabe. (Estamos en una época que todo aquí viene del árabe. Los íberos, celtas, visigodos, romanos, fenicios, griegos, cartagineses… nadie jamás ha dejado nada).
Eduardo Aldiser
Si uno busca sus orígenes por allí, en Wikipedia le dirán que viene de Baleares y Valencia; que, por supuesto, se juega con la baraja española o del estado, según donde viva uno; que el nombre viene del árabe. (Estamos en una época que todo aquí viene del árabe. Los íberos, celtas, visigodos, romanos, fenicios, griegos, cartagineses… nadie jamás ha dejado nada).

¿Y qué pasaría si para encontrar el origen del truco nos vamos al origen del mus?
Sobre este juego español nos dicen los amigos de EL MUS que:
“Respecto del origen del Mus existen diversas versiones, todas ellas confusas y diluidas en el lejano pasado. Lo que es seguro es que al Mus se juega desde hace al menos 200 años, existiendo documentos de esa época en los que ya se hace referencia a "tan noble juego de naipes".
La mayor parte de los estudiosos coinciden en darle al Mus un origen español, si bien alguno lo menciona como "ese maldito juego Austro-Húngaro", dándole así un carácter internacional a sus orígenes.
En cuanto a los orígenes nacionales la disputa se plantea entre el País Vasco y Castilla, ambas comunidades que reúnen el mayor número de aficionados. Todo parece indicar que es en el País Vasco donde verdaderamente nació el Mus tal y como hoy lo conocemos, basando tal teoría especialmente en los vocablos utilizados durante el juego, todos ellos de origen vascongado (Mus, Órdago, Amarraco, ...)”.
¿Y por qué salgo con esto? Porque para mí el truco es el desarrollo de la mitad del mus y tienen en común el “canto” de los juegos, los retruques, las señas entre los compañeros, las mentiras, el clima tan especial que se crea.
Siempre me pregunto cómo es que, habiendo llegado el truco en los barcos españoles, con los naipes españoles y con los (iba a decir “gayegos”) españoles que lo enseñaron a jugar allá, en los mismos puertos rioplatenses y brasileños… cómo es que no se impuso el mus!.
Y en ese caso me da lo mismo que sea vasco, navarro o castellano. Las tres regiones tienen fuerte representación en Argentina y Uruguay.
Allá por el Rosario de adopción la flor se cantaba así:
“Por el río Paraná… viene bajando un piojo… y en la oreja trae… una flor de abrojo”
Incluso he participado en truqueadas donde no se podía cantar la flor sin versos y estos no podían repetirse a lo largo de la partida. El que más y el que menos, mostrábamos todos cierta formación payadoresca.
Dicho esto, nuestro amigazo de Veguellina del Órbigo, el Dr. César Tamborini Duca, argentino pampeano de Lonquimay, enterado que estaba en esto de recordar el truco, que ha devenido en mus para mí, me ha mandado un poema la mar de gracioso. Para ser correctos, debemos incluir en la partida con señas, al compatriota argentino Carlos Novotny, que vive en los Estados Unidos de Norteamérica y dirige allí la publicación Imagen Argentina, que de allí llego a España el poemita de marras, de quien no conocemos al autor.
En él hace referencia a los equívocos en que puede uno caer si se deja llevar por las palabras y señas del muy criollo, gaucho, tanguero, ruso, turco, alemán, gayego y gringo juego. Pasen y vean.
Hermanito aquí te escribo
para contarte en detalle,
de las cosas que aquí pasan
en estas grandes ciudades.
Se están casando los hombres,
hermano querido del alma!
pero no con las mujeres...
hombres con hombres se casan.
Y yo estuve aquí presente
cuando la cosa empezó.
En un partido de truco
se conocieron los dos.
Se sentaron frente a frente
y muy fijos se miraban,
de pronto lo vi a uno
que un ojo el otro guiñaba.
Entonces lo vi al otro,
parece que le gustó...
y cuidando que no lo vieran
un besito le tiró!
Y ahí nomás sin esperar
el otro se entusiasmó,
porque frunciendo la frente
para afuera lo invitó.
Se ve que no se aguantaron
porque empezaron a hablar...
Si la suya es muy chiquita
venga a la mía nomás!
Ya sabe usted compañero
lo que tengo para empezar,
si le pongo esta puntita
seguro le va a gustar.
Si es ésa puntita?
aunque le parezca poco,
que si ellos ponen el 7
con la mía se lo rompo.
Entonces volvió a decirle:
póngame usted su puntita
y si es negra no la muestre
que la mía es grandecita.
Es ésta la que yo tengo!
y los labios se mordió,
como pensando del otro
“está pa’ comérmelo”!
Ponga ese 3 en la mesa!
yo sé porqué se lo digo,
que si empardan es seguro...
tienen el macho escondido.
Y ahí no terminó la cosa
porque hablaron de medidas,
uno le dijo al otro:
La suya cuánto se estira?
Humm casi como 27!
la mía es para mentir
y como haciéndole un mimo
le fruncía la nariz.
Empardaron compañero!
Truco! a la parda gritó.
Este le puso el 7
y el otro se lo rompió
Parece mentira hermano...
de pensarlo yo me enfermo.
Esto era un juego de macho
y parece de los machomenos.
Así detalladamente
le conté lo que pasó,
que por culpa
de una truqueada
éste romance empezó.
Por eso hermano del alma
yo tengo miedo por vos!
No jugués más con el Moncho
te lo pido por favor!